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Estos días en casa han sido un poco complicados.
Cada uno de los chicos empezó el año con novedades e inquietudes a nivel escolar ya sea porque cambian de ciclo, porque tienen compañeros nuevos o porque las ganas de estudiar parece que todavía no llegan.
Para los jóvenes de la familia, esta época del año también es un tiempo de grandes desafíos.
Algunos están empezando una nueva etapa de estudios superiores y el corazón les late al ritmo de las incertidumbres.
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¿Habré elegido bien? ¿Seré capaz de recorrer este camino despegado de mi hogar? Mientras tanto, los adultos también estamos encendiendo motores para dar comienzo a muchas actividades propias de un ciclo anual.
Entre caras de sueño, brazos caídos, pasos arrastrados y miradas inquietas nos preguntamos cómo hacer para que finalmente la rueda empiece a girar.
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¿Qué podemos hacer como familia para que el inicio del año sea llevadero?
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Más que luchar contra molinos de viento, ¿qué tal si hacemos el intento de caminar juntos hacia el mismo lado en esta transición de las vacaciones al año escolar y laboral?
Tal vez lo más sensato sea aprovechar esta época del año para organizar a la familia y con la excusa (que en realidad es un buen motivo) de que queremos tener un buen año, se pueden proponer pautas, fijar horarios y pensar modos de ayudar a nuestra familia para que cada uno se siga desarrollando integralmente.
Si en el ámbito laboral definimos algunos objetivos y realizamos planificaciones anuales, ¿por qué no hacerlo en el ámbito familiar?
Uno de nuestros grandes objetivos como padres o adultos a cargo debería ser el de desarrollar la autonomía de cada miembro de la familia, es decir, la capacidad de hacer las cosas por sí mismos experimentando en carne propia el valor de la responsabilidad.
Para ello es importante generar espacios en los que cada uno sea protagonista y esto es válido tanto para hijos pequeños como para los que ya están volando fuera del nido. Si los padres les resolvemos todo, no van a desarrollar las capacidades propias de su edad y ni la confianza en sí mismos. El desafío está en pensar:
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¿Qué cosas puede hacer cada uno de modo autónomo?
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Llega un momento en el que es vital que los hijos aprendan a gestionar su tiempo, a planificar sus actividades y a administrar sus recursos. Así crecerán en responsabilidad y también en autoestima al comprobar sus logros. Y aún si las cosas no salieran bien, manejar la frustración y reconocer los propios límites también será parte del aprendizaje.
Pero hay algo que es clave, para ayudar a nuestros hijos a desarrollar su autonomía y su sentido de la responsabilidad no debemos dejarlos solos, sino soltarles la mano mientras seguimos caminando con ellos ayudándolos a desarrollar valores que se manifiesten en las pequeñas cosas de cada día.
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Cada día nos trae una nueva oportunidad para crecer en valores en el ámbito familiar. ¡No dejemos pasar esas oportunidades!
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Siempre hay ocasión para resolver cosas sin depender de mamá y papá, para ser puntuales, para ser ordenados y prolijos en las tareas diarias tanto en el ámbito estudiantil como en la vida cotidiana. Cada día nos trae una nueva oportunidad para crecer en valores en el ámbito familiar. ¡No dejemos pasar esas oportunidades!
En este mes de marzo, pidamos especialmente a Dios Padre que nos muestre el camino para que seamos sabios y prudentes guiando a nuestra familia en este inicio de un nuevo ciclo.
Te dejo un abrazo y el deseo de que cada vez seamos más las familias que empecemos el año acompañándonos unos a otros con conciencia y responsabilidad, y de la mano de Dios.
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